Text

PEMEX I, 2004. Digital image, print. 30 x 45 in.

PEMEX II, 2004. Digital image, print. 30 x 45 in.

PEMEX III, 2004. Digital image, print. 30 x 45 in.

Gas Ideal, 2004. Digital image, print. 30 x 45 in.

GAS L.P., 2004. Digital image, print. 30 x 45 in.

Carburation, 2005. Digital image, print. 30 x 45 in.

Carrousel, 2005. Digital image, print. 30 x 45 in.

Stadium, 2005. Digital image, print. 30 x 45 in.

Horses, 2005. Digital image, print. 30 x 45 in.

The Bend, 2005. Digital image, print. 30 x 45 in.

Garage, 2005. Digital image, print. 30 x 45 in.

OXXO, 2005. Digital image, print. 30 x 45 in.

Park, 2005. Digital image, print. 30 x 45 in.

Church, 2005. Digital image, print. 30 x 45 in.

Tow, 2005. Digital image, print. 30 x 45 in.

Remnants

Las más recientes fotografías de Oswaldo Ruiz se han enfocado a una comprensión del proceso por el que ciertas formas tecnológicas han aparecido en la realidad del mundo. Su apreciación se ha dirigido no a hacer una valoración moral ni mucho menos histórica de la aparición de la tecnología industrial, sino a presentar ante nuestros ojos la generación a partir del nigredo de Malevich de las formas altamente abstractas de la tecnología. Pero al revelar el proceso de esta generación ex-nigredo, Oswaldo ha derivado también la conclusión de que las formas tecnológicas están envueltas por espacios vacíos, extensiones del negro de la nada que les rodea. Este vacío primordial constituye a la vez el horror a la nada del mundo contemporáneo, y la esperanza de nuevas formas en continua creación. En retratar este horror y esta esperanza se encuentra la seducción de las fotografías de Oswaldo, que así se acerca al concepto de lo sublime del teórico del Barroco Edmund Burke: “La pasión causada por lo grande y sublime es asombro. El asombro es el estado del alma en el que todas sus inquietudes se suspenden, con un grado de horror”.

Utilizando como fondo primordial el cuadrado negro de Malevich, Oswaldo Ruiz remite en primer lugar a la apreciación del vacío perceptivo. Hay una nada, un vacío en medio del cual, como un homúnculo, se materializa una forma: la gasolinera, la gasera, los carros del ferrocarril, el servibar al lado del camino, una nave industrial, o un estadio iluminado. Oswaldo ha explotado la escala del negro para imprimir en el espectador su preponderancia en la percepción y con ello derivar un horror vacui extremo. Desde el vacío negro, para nuestra esperanza, se han consolidado ciertas formas iluminadas por puntos de luz. Hacia esos puntos nos dirigimos entonces como almas que viajan desde el vacío Empíreo hacia un mundo material. Pero aquí nos encontramos con un minúsculo mundo extraño, un espacio donde se han concretado ciertas formas pero que no está habitado. No está habitado porque el espacio no ha podido, aún, concretarse en un lugar que pueda contener—guardar del vació que les rodea—a los seres humamos que ahí llegan. El vacío continúa formando parte de los espacios modernos.

Miguel González Virgen