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Erexit Monumentum: elevar la mirada
Por Oswaldo Ruiz. Texto para el catálogo de la exposición en Galeria Departamento 21, junio 2011.

En la única incursión cinematográfica que Samuel Beckett hiciera, produjo un filme corto llamado tautológicamente “Film” de 1965, que fue dirigido por Alan Schneider. La película nos muestra al famoso actor Buster Keaton, quien personifica a un psicótico que intenta por todos los medios suprimir la mirada del mundo. Intentando sustraerse de todo mirante, ya sea persona, animal o cosa, nos muestra la imposibilidad de esta tarea. El guión se basó aparentemente en el esse est percepti (ser es ser percibido), principio filosófico del obispo Berkley. Así el personaje principal va suprimiendo paulatinamente toda mirada, comenzando por las personas, aislándose en una habitación miserable de donde saca al perro y al gato que insisten en mirarlo, así como al pez, al loro, los ojos de un orante persa en una fotografía y hasta los ocelos que forman los decorados de una silla; pues al parecer todo mira. Se percata, sin embargo, que después de suprimir toda mirada queda él mismo como mirante, una mirada imaginada, un desdoblamiento que cobra vida y se mira a sí mismo. Al mirarse cara a cara (el sujeto y su desdoblamiento imaginario) ocurre un funesto encuentro que aniquila al personaje, pues además “Film” se construye mediante otro importante aspecto de la mirada: el personaje es portador del “mal de ojo”, o the evil eye. Al desdoblarse al final se da a él mismo este mal y muere, frotándose los ojos.
Este filme, que encontré hace algunos años, me fascinó sin entenderlo completamente y lo dejé guardado por un tiempo. Sin embargo le he dado muchas vueltas y recientemente desencadenó un recuerdo que también tenía guardado por años, me lo contó mi abuela: mi bisabuela Marta tenía funestas imaginaciones y una de ellas trajo consecuencias fatales. Vivía, con mi bisabuelo Ángel, en un edificio de muchos pisos. Marta salió a recibirlo cuando este llegaba de trabajar y cargaba un madero muy grande para hacer leña, mi bisabuela, desde arriba, vio otra cosa distinta de lo real. Imaginó que mi bisabuelo estaba aplastado por el madero y que yacía muerto en el suelo. El horror, generado por ella misma, fue tan grande que acabó produciéndole el aborto de la criatura que llevaba en las entrañas. De la misma forma se produjeron un par de historias similares que ahora se me escapan. Mi abuela Oralia quedó hija única. Esta forma de imaginación que aquejaba a mi bisabuela y que le provocaba males reales me fascinó todo el tiempo. ¿Cómo es posible que algo que no se ve realmente sino que es provocado en lo imaginario acabe por dar la muerte real?
Encontré que algo similar ocurre con el mal de ojo pues al parecer funciona en el registro imaginario y se produce a partir de la percepción de la envidia de alguien más (la palabra envidia proviene del latín invidere, que significa mirar maliciosamente). Desde tiempos romanos la protección frente al mal de ojo (fascinum) ha sido portar un amuleto conocido como turpicula res (la cosa horrible). De alguna manera el mal de ojo funciona como una especie de desdoblamiento de la persona que se desea a sí misma el mal, imaginando que otro se lo desea por los bienes que posee; una mirada que destruye lo construido por otro. La mirada es capaz de dar la muerte, no solo a los otros sino incluso a uno mismo, como en el filme. Lo que salva de esto es el contra-ojo, amuleto que representa el poder del individuo que lo porta y que rompe el maleficio imaginario.
En la “Vida es Sueño”, Calderón de la Barca nos plantea en uno de sus versos cómo la mirada se encuentra paradójicamente unida con la muerte y con la imaginación. Esta obra es precisamente el ejercicio ficticio de un personaje, Segismundo, encerrado en una alta torre, que duda de la veracidad de la realidad, que solo es capaz de ver desde una mirada lejana lo que confunde con lo imaginario. Segismundo ve a su primer “otro” cuando entra Rosaura, y este describe la fascinación que hace presa mortal a su mirada:

Y cuando te miro más
aun más mirarte deseo.
Ojos hidrópicos creo
que mis ojos deben ser;
pues cuando es muerte el beber,
beben más, y desta suerte,
viendo que el ver me da muerte,
estoy muriendo por ver.

Viendo que el ver me da muerte; una muerte imaginada, ficticia, que ocurre solo en el lenguaje. La muerte y la mirada se entrelazan. Las imágenes se construyen desde esta realidad de unión funesta. Pues estas son siempre el pasado, las imágenes son memoria, (monere) monumento.
¿Y cómo funciona un monumento? Está ahí, sobretodo, para ser visto. La mirada al recorrerlo lo erige y con este erige toda una realidad. Sin embargo, el monumento nos mira del sitio desde el cual no podemos ver. Se nos presenta para que recordemos (moneámus) algo, y no cualquier cosa, sino la realidad misma en la que nos encontramos. Nos mira desde la historia que representa, pues el monumento se yergue (erecta) como representación de un significante que da fundamento a la nueva realidad creada a partir del hecho traumático que conmemora; hecho que en la mayoría de los casos destruyó la realidad que imperaba anteriormente. Son representaciones que se cargan imaginariamente de la potencia que creó el nuevo orden, establecidas a posteriori. Son formas de intentar apuntalar y sostener la realidad que constantemente se nos viene abajo. No es casual que el monumento por antonomasia sea un obelisco o una columna: un sostén vertical. La frase Erexit Monumentum (ha erigido este monumento) se usó desde los romanos hasta el siglo XIX, escrito en las placas que daban cuenta de su génesis, aparece normalmente en acrónimo, EM, siglas que señalan la existencia de alguien con presencia histórica que lo erigió, estipulando así la “gran” narrativa. Una cortina que impide ver lo azaroso que impera detrás. EM da cuenta de una imagen del sentido, del que estemos aquí, donde estamos, así, como estamos. ¿Pero qué pasa cuando el monumento se tambalea?
La estrategia que anima este proyecto ha consistido en intentar abrir el monumento, en socavar el sentido que representa, analizar sus componentes de mirada, e intentar narrar desde otro punto, haciendo una movilización pequeña, mínima.
Podría imaginar un recorrido, que inicia en 2009, cuando fotografié las casas abandonadas de campesinos del norte de México que habían iniciado una diáspora violenta y cruel. Sus casas y sus terrenos quedaron en el olvido. Me interesó hacer una puesta en escena con sus moradas para recordarle su existencia a alguien. En enero de 2010 realicé en Santiago una serie de fotografías sobre el espacio público, la serie Anti-monumentos, que intentaba narrar las pequeñas historias que corresponden más al olvido que al recuerdo. Las narrativas pequeñas, insignificantes, que se han tomado como insuficientes para sostener la realidad de alguien.
Al terminar la serie ocurre el terremoto del 27 de febrero y la idea que había llevado a producirla se desencaja de raíz. Debo contar, apenadamente, que mi subjetividad se sacudió más que los edificios, si bien, no me ocurrió realmente nada. Volví a México y el impacto fue tal que el terremoto seguía en mis sueños. Al despertar y ver por la ventana, pero aún soñando, era la ciudad de Monterrey la que se hacía pedazos. Acudí a pedir ayuda al Mara’akame que es “quién sabe el camino” y a quien la comunidad huichola considera un sabio y sanador. El Mara’akame me contó que en las experiencias de choque excesivo, el alma sale del cuerpo y regresa tan de golpe que muchas veces queda mal encajada en el cuerpo físico, lo que ocasiona malestares y sueños angustiosos. Como un quiropráctico, con movimientos de mano y su profunda mirada, el Mara’akame reacomodó mi alma de ateo, modificando mi imaginario tan eficientemente que mi realidad interna, junto con los sueños, dejaron de derrumbarse.
Más tarde ese mismo año, en las afueras de Dublín, me encontré con la primera de las torres cilíndricas irlandesas. Construidas por decenas en épocas medievales, aparentemente servían para la defensa frente a los continuos ataques vikingos. Se utilizaban como puntos vigía para proyectar la vista por encima de los árboles y servían después como refugio, una vez detectado el inminente ataque. Es curioso que los mismos espacios fungieran como sitios para elevar la mirada, “para verlo todo”, y como espacios de escondite. Un juego perverso de ver y ocultarse que acababa siendo mortal, pues al refugiarse en lugares tan visibles, sin posibilidad de entablar batalla abierta, los irlandeses provocaban “la mirada maliciosa” de los vikingos, y muchas de ellas fueron quemadas con los habitantes dentro. Las torres sostenían una realidad llana, un mundo precario que se destruía frecuentemente con la llegada de salvajes ataques. Cada una se erguía rompiendo el paisaje horizontal, buscando sostener junto con un ser eterno, que al parecer habitaba en el cielo, la vida de los efímeros individuos, más cercanos al lodo.
El recorrido me llevó a Oaxaca a observar la construcción de auto-monumentos naturales que se erigen todo el tiempo en los montes de la zona. El agave, planta milenaria que acompañó la evolución de las culturas prehispánicas, justo antes de morir hace crecer un quiote desde su centro, un enorme tronco que llega a medir hasta siete metros en algunas especies. Ahí están sus semillas, que son esparcidas por el viento. Al crecer el quiote el agave muere extenuado por la tarea, pues envía toda su savia a las alturas. Queda seco, muerto pero de pie, hasta que un viento fuerte lo derrumbe.
El proyecto remata con dos videos. El primero, la quema de un árbol icónico frente a los ojos de un mirante imaginado, un quemar repetitivo que invita a pensar otra realidad después de la destrucción del significante raíz. Y el otro, un video de archivo, una nota al pie: el que las escuelas de ingeniería y arquitectura utilizan como fábula de su enseñanza. Donde se muestra el derrumbe del puente Tacoma en el estado de Washington en 1940, un viento racheado provocó su caída al hacer que el puente entrara en resonancia y colapsara. Asombra el movimiento frenético de la plancha de asfalto, ese sólido piso por el que transitamos, sometido a un viento apenas fuerte que juega maliciosamente con él, torciéndolo de tajo. Termina así el recorrido con esta imagen que abre un hueco en la materialidad de un mundo que conocemos y en el que confiamos, que obliga a elevar la mirada para posarla en el sin sentido que impera más allá de los sueños del constructor, hacia esa realidad que se nos desmorona mostrándonos lo que hay detrás. Lo que no queremos ver.
Destruxit Monumentum.

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Oswaldo Ruiz was born in Monterrey, Nuevo León, in 1977. An early interest in space led him to study architecture at the Universidad Autónoma de Nuevo León (UANL), a profession that he quickly abandoned in order to focus on photography. Interested in broadening his understanding of the image, he completed graduate studies in psychoanalysis, philosophy and art history at the Universitat Autònoma de Barcelona (UAB). Later, in order to advance his explorations of visual media, he enrolled in the Master of Fine Arts program at Central Saint Martins College in London. From 2015 and 2018 he was the studio assistant of the Mexican photographer Graciela Iturbide.

Using the darkness of night as material for his photographic work, between 2004 and 2012 he took pictures of different places along the highways around Monterrey: gas stations, convenience stores, bus stops and strange, illuminated buildings. This led him to photograph the demolished houses in the municipality of Anáhuac, a border area where his family was originally from and that had since been abandoned because of migration to the U.S. after NAFTA. Along these same lines, and as a result of artistic residencies in Dublin, Berlin and Santiago de Chile, he developed different projects with which, in a sort of archeology of the everyday, he explored the dualities of light and darkness, consciousness and the unconscious, life and death, in his series of medieval towers, ephemeral constructions and anti-monuments. The last of these series, about quiotes (the flower produced by the agave plant before it dies), was shot in the state of Oaxaca. One of his last projects Welcome to Paradise (2013-2017), shown in Centro de la Imagen in 2017 and Fototeca de Nuevo León in 2018, he portrays different enclaves of Latin American cities to deconstruct the idea of the city and extract images of some archetypes that inhabit it, where a dialogue between ruins and science fiction spaces is created. For this project he photographed from the port of Valparaíso in Chile to the Dry port of Jalisco, across Mexico City, Monterrey, the zone of The plain in flames of Rulfo, Barra de Navidad, Colombia and Dominican Republic.

He has had over a dozen solo exhibitions, including: Nostalgia de catástrofes (Patricia Conde gallery, 2018), Welcome to Paradise (Centro de la Imagen, Mexico City 2017 and Fototeca de Nuevo León 2018); Espacio que cabe entre dos tiempos (Galería Heart Ego, Monterrey, 2016); Anudamientos (Museo de la Ciudad de México, Mexico City, 2013); Frecuencia natural (Galería Luis Adelantado, Mexico City, 2011); Oswaldo Ruiz 2002-2009 (Fototeca Nuevo León, Monterrey, 2010) and Last Night (Irish Museum of Modern Art, Dublin, 2010).

He has also participated in over fifty group shows, including: Constitución mexicana 1917- 2017. Imágenes y voces (Galería del Palacio Nacional, Mexico City, 2017); Tlaxotlali: Alternancia de ciclos (Casa del Lago, UNAM, Mexico City, 2017); the XII FEMSA Biennial / Poéticas del decrecimiento, ¿cómo vivir mejor con menos? (Centro de las Artes, Parque Fundidora, Monterrey, 2016); Develar y detonar. Fotografía en México ca. 2015 (Centro Cibeles, Madrid and Centro Nacional de las Artes, Mexico City, 2015); Existe todo lo que tiene nombre (Camera Works, San Francisco, California, 2015); Dirty, Poorly Dressed and Filled with Love (Erehwon Center for the Arts, Quezon City, Philippines, 2013); El vértigo de la abundancia (Casa del Lago, unam, Mexico City, 2013); Basado en una historia verdadera (Museo Salvador Allende, Santiago de Chile, 2012); Umbrales (Instituto de México en París, Paris, 2010); Registro 02. Mirar por segunda vez (Museo marco, Monterrey, 2009) and the XIII Bienal de Fotografía (Centro de la Imagen, Mexico City, 2009).

His work has received awards both nationally and internationally, including the Acquisition prize of the XVIII Photography Biennial of Centro de al Imagen (2018), SIVAM prize (2006), the Petrobras-Buenos Aires Photo Prize (2006), and the Acquisition Prize at the 2nd Bienal de Artes Visuales de Yucatán (2004). Recently he published the book Welcome to Paradise (La Caja de Cerillos Ediciones and Fundación BBVA Bancomer, Mexico City, 2017). His work has also been published in many books, magazines and catalogues, and shown at the international fairs Madrid Foto (2011 and 2012) and Paris Photo (2006 and 2007). Since 2018 he is a Member of the National System of Art Creator, of FONCA.

2006-07

Master in Fine Arts, Central Saint Martins College, London, UK.

2000-01

Postgraduate courses in Contemporary Art and Psychoanalysis. Universitat Autonoma de Barcelona, Spain.

1994-99

Architecture, Universidad Autónoma de Nuevo León, Monterrey, Mexico.

2018

Acquisition prize in the XVIII Photography Biennial at Centro de la Imagen, Mexico City, Mexico.

Member of the National System of Art Creators, FONCA, Mexico.

2010

FORCA Northeast grant to do a residency in Santiago de Chile.

2009

Special Mention on the XIII Photo Biennial, Centro de la Imagen, Mexico City, Mexico.

2006

First Prize SIVAM, by the International Society of Values of Mexican Art, Mexico City, Mexico.

Second Prize Petrobras-Buenos Aires Photo 2006.

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2005

Special Mention on the VII Monterrey Biennial FEMSA, Monterrey, Mexico.

2004

Acquisition Prize in the II National Biennial of Visual Arts of Yucatán, Merida, Yucatan, Mexico.

 

First Prize in the XXIV Reseña de la Plástica Nuevoleonesa, Monterrey, Mexico.

2018

Museo de Arte de Sonora (MUSAS), Hermosillo, Sonora, Mexico.

2017

Centro de la Imagen, Mexico City, Mexico.

2009

The Museum of Contemporary Art of Monterrey (MARCO).

Cisneros Fontanals Art Foundation, Miami, USA.

Fototeca de Nuevo Léon, Monterrey, Mexico.

2007

Central Saint Martins College of Art and Design, London, UK.

2005

FEMSA Collection, Monterrey, Mexico.