Texto

Teatro del Progreso, 2018. Anuncio luminoso.

Autor sin identificar, “(El primer) Teatro del Progreso. Incendiado”, Ca. 1890, Monterrey, N. L., México. D. R. © 18653 Fototeca Nuevo Léon – CONARTE, Fondo Carlos Pérez-Maldonado.

Eugenio Espino Barros, “(Teatro del Progreso) Calle Zaragoza”, 1930, Monterrey, N. L., México. No. de foto 351. D. R. © Fototeca Nuevo Léon – CONARTE, Fondo Eugenio Espino Barros.

Teatro del Progreso, vistas de la instalación, 2018. Contenedor marítimo y lámparas fluorescentes.

Todos somos fantasmas, 2018. Fotografía digital.

Todos somos fantasmas, 2018. Fotografía digital.

Todos somos fantasmas, 2018. Fotografía digital.

Todos somos fantasmas, 2018. Fotografía digital.

Todos somos fantasmas, 2018. Fotografía digital.

Todos somos fantasmas, 2018. Fotografía digital.

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Todos somos fantasmas, 2018. Fotografía digital.

Todos somos fantasmas, 2018. Fotografía digital.

Todos somos fantasmas, 2018. Fotografía digital.

Teatro del Progreso, vistas de la instalación, 2018. Contenedor marítimo y lámparas fluorescentes.

Teatro del Progreso

Esta proyecto se presentó como parte del proyecto de arte público Árido/Cálido, dentro del festival Santa Lucía en la ciudad de Monterrey, de septiembre a noviembre de 2018 y fue organizado por la galería Heart Ego. Esta instalación evoca al primer teatro de la ciudad de Monterrey, el Teatro del Progreso, que abrió sus puertas el 8 de septiembre de 1857, en el centro de la ciudad, y que fue el primer espacio en el país en celebrar un evento público con alumbrado eléctrico, un baile en septiembre de 1882.

El Teatro del Progreso sufrió varios accidentes y transformaciones, pero en su última forma, con el nombre del famoso Cine Elizondo fue destruido para construir la Macroplaza en 1982. Ese magno proyecto arrasó con una gran parte del centro de la ciudad para construir una enorme plancha de concreto y destruyó la memoria histórica de las casas más antiguas de la ciudad.

La instalación es un montaje de luz eléctrica con 70 lámparas fluorescentes dentro de un contenedor marítimo, con un anuncio luminoso que iguala la tipografía del teatro original. Esta pieza recordó aquel baile de septiembre de 1882, y presentó el espíritu del Teatro del Progreso como una presencia fantasmagórica, a escasos metros de su ubicación original. Durante la inauguración se invitó a los espectadores a formar parte de la historia de la ciudad al ser fotografiados dentro del contenedor, utilizando las luces del espacio, se generaron decenas de retratos donde los espectadores fueron actores, fantasmagóricos también, de ese gran teatro que ha sido el progreso en la ciudad de Monterrey. Al ser retratados a los espectadores se les solicitó pensar en la frase “todos somos fantasmas”.