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CON UN FRAGMENTO DE LO INFINITO
Por Oswaldo Ruiz

Revista EXIT. Número 43, De Noche. Ago 2011. Madrid, España.

En los idiomas europeos la palabra noche está formada por la letra N más el número ocho en la respectiva lengua. En esta fórmula N representa el símbolo matemático de un conjunto de números naturales que por definición no son finitos (1,2,3,4…); y el ocho recostado es el símbolo infinito desde la antigüedad. Es así como se conforman noite (n + oito), night (n + eight), nacht (n + acht), nuit (n + huit ), etc.
La noche se vuelve así un elemento del lenguaje, un concepto que representa lo interminable, lo inabarcable, lo que se expande infinitamente. Más allá de lo que se puede decir, desde lo matemático hasta lo místico. 
La fotografía por otro lado es un corte, la elección de un momento, lo finito. Que enmarca la realidad en la figura de lo racional, el de la geometría humana: en un rectángulo. Oxímoron irremediable. La fotografía de la noche, solo de la noche, no llega a ser más que un rectángulo negro. El oxímoron demanda la presencia de una metáfora que le dé significado a su contradictio in terminis. He optado por trabajar a este nivel de metáfora, hacer una escritura con luz que marque lo infinito, corte fotográfico que tome una sección de la experiencia inabarcable. Busco que en mi trabajo lo fotográfico esté antes que la fotografía, en el proceso mismo de iluminar la realidad haciendo una fotografía de luz continua que está ya delimitando la oscuridad, bordeándola, poniéndole fin, pero hacia dentro, definiendo un núcleo donde la oscuridad no penetra. Me sirvo de esto para construir la narración, la que me atrae es una narrativa de lo imaginario, de no representar la narración, sino dejarla indicada entre paréntesis, a punto de ocurrir, agazapada.
La imagen y toda su sustancia imaginaria se encuentran en este punto central, la noche se perfila como el vacío de imagen, como lo irrepresentable. Así es como todo lo que surge en el centro se vuelve teatral, pues es representación, puesta en escena, dibujada contra el fondo abismal de lo inabarcable. Lo teatral en mi trabajo no es directamente intencional. Es más un dispositivo de la representación, una puesta en escena que es trama fenomenológica del proceso de la mirada. La luz dirige la atención del “algo” que surge de la “nada”, ahí está lo teatral, en ese momento de significación.
Con los “Anti-monumentos” busqué la puesta en escena del espacio público en Santiago de Chile, una mirada echada hacia atrás en el tiempo, pues en esa ciudad el dispositivo de lo lumínico en la noche tiene una carga histórico-político, la imaginería creada por el golpe de estado militar y sus continuos toques de queda. La prohibición de la noche, de lo inabarcable. La estrategia aquí fue imaginar qué hay en la noche, y encontrar solo redundancia, nada. Pequeños trazos, objetos insignificantes, que no cargan suficiencia significante, elevados a la dignidad de soportes, de monumentos. La fotografía aquí está más en el proceso de caminar y de aluzar, de recortar con luz, de elevar, de mirar; la fotografía viene después y hace un registro.
En mis actuales trabajos estoy buscando ahondar en ese momento pre-fotográfico que se sostiene en la mirada, radicalmente atraído por la idea de la mirada inconsciente.