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OSCURIDAD Y EL VACÍO
Por Marco Granados
. Periódico El Norte / Lado B / 17 de Abril de 2010.

No quiero dejar de mencionar la exposición individual que de Oswaldo Ruiz (Monterrey, 1977) se presenta actualmente en la galería principal de la Fototeca del Centro de las Artes en el Parque Fundidora.

La muestra con el lacónico título "Oswaldo Ruiz: 2002-2009", curada por Ramiro Martínez, es precisamente eso, una revisión del trabajo de los años recientes de este fotógrafo regiomontano.

Debo decir que me sorprendió enterarme de la incómoda coincidencia que significaba el hecho de que la obra de Ruiz se presentara aquí en dos sitios diferentes con apenas unos días de diferencia, pues si bien su participación en la colectiva "Registro 02", de Marco, es con un grupo reducido de piezas y en la Fototeca es una exploración a conciencia, llama la atención que esto sea así.

En casi cualquier otra circunstancia y análisis, el hecho podría pasar por una eficientización del recurso económico, prorratear se le dice como tecnicismo, pero es evidente que no fue así. Ambas iniciativas de exponer son independientes y poseen intereses y alcances muy específicos y diferentes.

A eso hay que agregar lo simbólico que resulta el uso de los espacios expositivos, que todos sabemos, son escasos e insuficientes. Finalmente es el hecho de que lo exhibido entre un sitio y otro no difiere gran cosa como para justificar esta situación.

Ya en el análisis de la exposición lo primero que salta a la vista es el evidente desarrollo y certeza que posee el trabajo de Ruiz. Está claro que ha llegado a concentrar sus intereses conceptuales y temáticos en una propuesta que además juega acertadamente con el sentido de representación formal.

Las series incluidas y la forma en que se presentan hacen ver el camino que ha tomado la obra de Ruiz. Así entonces asistimos al recuento de un proyecto en el que a la imagen exhibida la componen el vasto arsenal conceptual del artista, su permanente acercamiento a la arquitectura, aderezado con un poco de aparatosidad en el montaje y presentación y una pizca de apunte social.

El montaje antiséptico en penumbras adhiere un carácter de extraña frialdad a la muestra. Sí, al principio lo dota de una teatralidad que ya de facto poseen las propias fotografías, cosa que vuelve cansado transitar la segunda parte del montaje. Siempre es deseable un acento de forma, dimensión, color o tema que provoque reatender lo exhibido.

En resumen, después de esta extrapolación expositiva de su trabajo, al menos localmente a Ruiz sólo le queda trabajar más arduamente y esperar a que los dioses del mercado del arte hagan lo suyo. Quién sabe, quizás esto sirva para dar un viraje y sorprendernos y sorprenderse.